La Celestina / Fernando de Rojas
Obra escrita por un judío converso de la burguesía de la época, que escribe este libro para dar consejos a los jóvenes de la época, sobre la vida y los compañeros de esta vida.
Transcribo algunos de estos consejos:
La rareza de las cosas es la madre de la admiración.
El propósito muda al sabio; y el necio persevera.
Acelerados y súbitos placeres crían alteración, la mucha alteración estorba el deliberar.
A quién más quieren, peor hablan.
Quién mal hace, aborrece la claridad.
Refrán viejo es, quién menos procura, alcanza más bien.
En una hora no se ganó Zamora; pero no por eso desconfiaron los combatientes.
Las ciudades están con piedras cerradas, y a piedras, piedras las vencen.
Mucho hablando matas a ti y a los que te oyen.
No haga tu lengua, iguales la persona y el vestido.
Desechas el provecho por contentar la lengua.
Simpleza es no querer amar y esperar ser amado, locura es pagar amistad con odio.
El cierto amigo en la cosa incierta se conoce, en las adversidades se prueba.
No se te puede dar hasta que vivas más reposado y vengas en edad cumplida.
A vivir por ti, a no andar por casa ajenas, lo cual siempre andarás mientras no te supieres aprovechar a tus servicios.
A las obras creo, que las palabras de balde las venden dondequiera. Pero el amor nunca se paga sino con puro amor, y a las obras con obras.
Es grande el mundo y pocos los experimentados.
Hizo Dios un día tras otro, porque el que uno no bastase se cumpliese en otro.
No es de discretos desear con grande eficacia lo que se puede tristemente acabar. Si tú pides que se concluya en un día lo que en un año sería harto, no es mucha tu vida.
¿Para qué, señor, es el seso si la voluntad priva a la razón?
Hay ojos que de legañas se agradan.
Quien tiempo tiene y mejor le espera, tiempo viene que se arrepiente.
Los sabios dicen que vale más una migaja de pan con paz que toda la casa llena de viandas con rencilla.
Cuánto al mundo es, o crece o descrece.
Subí para descender, florecí para secarme, gocé para entristecerme, nací para vivir, crecí par envejecer, envejecí para morirme.
Gran parte de la salud es desearla, por lo cual creo menos peligroso ser tu dolor.
La verdadera virtud más se teme que espada.
No da paso seguro quien corre por el muro.
Aquel va más sano que anda por llano.
Adquiriendo, crece la codicia; y ninguna cosa hace pobre al avariento, sino la riqueza.
Cómo crece la necesidad con la abundancia.
De muy alto, grandes caídas se dan.
El primer oficio que en naciendo hacemos, llorar, no me maravilla ser más ligero de comenzar y dejar de ser más duro.
Los muertos abren los ojos de los que viven; a unos con haciendas; a otros con libertad.
Ten esfuerzo para sufrir la pena, pues tuviste osadía para el placer.
Jamás conocéis vuestros bienes, sino cuando de ellos carecéis.
Pues aquí vemos cuán mal fenecieron aquestos amantes, huyamos su danza, amemos a aquel que espinas y lanza, azotes y clavos su sangre vertieron; los falsos judíos su faz escupieron, vinagre con hiel fue su potación; porque nos lleve con el buen ladrón, de dos que a sus santos lados pusieron.
No dudes ni hayas vergüenza lector, narrar lo lascivo que aquí se te muestra: que siendo discreto, verás que es la muestra por donde se vende la honesta labor.
De nuestra vil masa, con tal lamedor, consientes cosquillas de alto consejo, con motes y trufas del tiempo más viejo escritas a vueltas le ponen sabor.
Y así no me juzgues por eso liviano, mas antes celoso de limpio vivir; celoso de amar, temer y servir al alto Señor y Dios soberano.
Por ende, si vieres turbado mi mano, turbias con claras mezclando razones, deja las burlas que es paja y granzones, sacando muy limpio entre ellas el grano.
No reír, tampoco odiar, sino entender (Baruch Spinoza).
El nuevo fetichismo y, su consecuencia, la cosificación del ser humano, resultado de las nuevas relaciones de producción.
Tanto la cosificación de los demás como de la alienación de uno mismo.
Esta cadena de causa efecto puede representarse en otra cadena real y simbólica al propio tiempo.
La burguesía ha desgarrado el tupido velo de afecto y de sentimentalismo con que se encubría, idealizándose, la familia; hoy el vínculo familiar no es más que un negocio de dinero (Marx-Engels).
Se destrona directamente el mundo de la tradición.
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